En la antigüedad, Guillemore era el punto donde se encontraban dos antiguas rutas que ascendían por el valle del Lys: una siguiendo el lado derecho del valle y la otra la orilla izquierda del torrente Lys. La garganta de Guillemore también marcaba una frontera importante: la que separaba el Mandement de Vallaise del Mandement d’Issime et Gressoney, es decir, la línea natural que dividía el área cultural latina (franco‑provenzal) de la germánica (walser).
El topónimo Guillemore aparece en varias variantes históricas —Guymour, Guimor, Guymor, Gueymor— señal de su antigüedad. Dado que el lugar era estratégico y morfológicamente muy característico, se cree que al menos una parte del nombre tiene orígenes extremadamente antiguos.
La garganta y el puente de Guillemore también han alimentado la imaginación popular, dando origen a diversas leyendas.
Leyendas
El gigante Guillaume
En lo más profundo del barranco vivía un gigante llamado Guillaume, descrito como un demonio atrapado en un cuerpo humano. Los viajeros y los habitantes temblaban al oírlo acercarse: sus pasos hacían vibrar la garganta, y el viento arrastraba su rugido.
Pero un día llegaron cinco valientes cazadores, cada uno con un corazón más firme que el anterior. Cruzaron bosques, torrentes y rocas suspendidas hasta que finalmente se encontraron frente al gigante.
La batalla fue feroz: el eco retumbaba entre las paredes del barranco como un trueno. Y cuando por fin la criatura cayó, los cinco héroes alzaron los brazos al cielo gritando: «¡Guillaume est mort!»
Sus voces se mezclaron con el aliento del viento, y desde aquel día el lugar recibió el nombre de Guillemore, en memoria de la gran hazaña.
La horca de los Barones
Cuando el puente de Guillemore aún era de madera crujiente, suspendido como un frágil pensamiento sobre el abismo, un pequeño oratorio se alzaba a su lado.
Su tejado sobresalía como las alas de un pájaro dispuesto a proteger a los viajeros, sostenido por dos columnas de piedra.
Pero aquellos tiempos eran oscuros. Se dice que de las columnas colgaban las cadenas de una horca, pues allí los barones de Vallaise llevaban a los condenados.
El viento, al deslizarse entre las vigas del puente, parecía susurrar las últimas oraciones de los prisioneros, y las aguas impetuosas del Lys se llevaban esos murmullos como lágrimas destinadas al olvido.
Con el paso de los siglos, sin embargo, el puente fue reconstruido en piedra, y las sombras de aquellos días sombríos se desvanecieron, dejando solo el eco de antiguas historias.
El hada malvada y los Orchons
En las rocas escarpadas del barranco vivía un hada malvada, raptora de niños (Vouleuse d’enfants).
Los habitantes, temiéndose de ella como se teme una tormenta repentina, comenzaron a odiarla, y el hada, ofendida por tanto desprecio, decidió un día volar hacia tierras más acogedoras.
Pero no se fue del todo: dejó atrás a sus hijos, misteriosas criaturas llamadas los Orchons.
Gigantescos, ágiles como el viento, astutos como zorros y vengativos como espíritus ofendidos, se desplazaban por las gargantas del barranco, deslizándose entre rocas y senderos, haciendo temblar a quien escuchara sus pasos ligeros e inquietantes.
Desde entonces, se dice que en las noches más oscuras aún se oyen ruidos extraños alrededor del puente… y que no proceden solo del río o del viento.